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FUERZA DEMOCRÁTICA, LA DECEPCIÓN

 

El licenciado Fabio Delgado Hernández, publica en la sección

política del Diario La Nación del 1 de mayo de 2.001, un

artículo titulado, “Vladimir, la decepción”, refiriéndose al

dirigente político del Partido Fuerza Democrática, Vladimir de la

Cruz. Entre los cargos que el señor Delgado hace a de la Cruz,

destacaremos los que consideramos más importantes.

 

Administrar desastrosamente la deuda política, el partido perdió

ciento ocho millones de colones por incapacidad y negligencia.

 

Negarse a entregar la contabilidad partidaria a pesar de

reiteradas peticiones del licenciado Delgado Hernández y otros

militantes.

 

Haberse dejado los hermanos Nuñez treinta y ocho millones en

bonos de los que se niegan a dar cuenta. (uno de los hermanos

citados, es actual diputado por ese partido). Por ese hecho, los

Nuñez están acusados ante el Ministerio Público.

 

El negociar ventajas con el actual gobierno a cambio de

favores legislativos que se citan: integrar la mesa directiva de

la mal llamada concertación, arreglar ante el Regulador General

una consultoría por $ 16.000 a cambio del voto en ese puesto,

acordar un puesto en el Consejo de Transporte Público para

acceder a la entrega de placas de taxi, concesiones de buses,

utilizar recursos del erario público para fortalecer tendencias

del partido para controlar las estructuras del partido.

 

No estamos dando por ciertas las aseveraciones del abogado

Delgado Hernández contra el historiador y político Vladimir de la

Cruz. Lo que si queremos destacar es que los cargos que se

hacen contra él, en nada se diferencian de los que estamos

acostumbrados a oír contra los políticos tradicionales.

 

El Partido Fuerza Democrática, es relativamente nuevo en el

quehacer político nacional. Se presenta a elecciones por

primera vez en 1990, sin obtener diputados. En 1994 obtiene

por primera vez dos diputados, de los cuales, ninguno está hoy

día en el partido. Ya dividido para las elecciones de 1998,

obtiene tres diputados. O sea, el pueblo ha demostrado su

confianza en esa fuerza emergente, que basó su campaña en “

castigue a los corruptos”. Si los cargos contra el señor Vladmir

de la Cruz fueran ciertos, la burla hacia el pueblo que confió en

ellos seria sangrienta.

 

Hoy, Fuerza Democrática, se debate en una lucha interna, que

no le augura nada bueno para el futuro. Si fue un partido que

nació con principios. Por qué ha llegado a un estado tan

calamitoso?

 

Los partidos emergentes de Costa Rica, parece que arrastran

una maldición.

 

En la década de los ochenta, el Partido Comunista llegó a

obtener cuatro diputados, la cantidad más grande obtenida

desde que le fue levantada su prescripción legal de participar

en elecciones. Posteriormente se dividió en varios mini

partidos y hoy es casi insignificante en la vida política

costarricense.

 

El partido Nacional Independiente, en las elecciones de 1974

obtuvo una cantidad importante de diputados. A partir de allí es

una fuerza política insignificante que no alcanza siquiera el 1%

de la votación total.

 

Algo parecido ocurrió con el Partido Unión Generaleña, grupo

regional de la zona sur del país.

 

Vemos tristemente como estos partidos llegan en poco tiempo

a asemejarse a los dos partidos tradicionales. Algunos de sus

dirigentes de una campaña, aparecen después al lado de esos

dos enemigos del pueblo, llamados Liberación Nacional y

Unidad Social Cristiana. Veamos ejemplos: el escritor Miguel

Salguero, candidato a presidente por Fuerza Democrática, a la

campaña siguiente le dio su adhesión al candidato Corrales de

Liberación Nacional, Javier Solís, diputado por una de las

fracciones del Partido Comunista, ha desarrollado una carrera

diplomática dentro del Partido Unidad Social Cristiana. Gerardo

Trejos Salas, diputado de Fuerza Democrática, aspira hoy a

una curul por el Partido Liberación Nacional.

 

La incógnita para estas elecciones es Ottón Solís y su partido

Acción Ciudadana. Vamos a darle un seguimiento cercano a

ver si en realidad ofrece una nueva opción, o se convierte en

otro fiasco para el pueblo.

 

Por qué, los partidos emergentes se han convertido en poco

tiempo, en pequeñas copias de los corruptos partidos

tradicionales?

 

No sabemos exactamente la respuesta, pero vamos a intentar

dar una explicación. En muchos casos, los dirigentes de estos

partidos provienen de Liberación y Unidad. Se han apartado de

estos partidos no asqueados de la corrupción, sino porque no

encuentran opciones para satisfacer sus ambiciones dentro de

los mismos. Al final, llevan en sus cuerpos las células de

corrupción, las cuales, en forma semejante al cáncer, se

expanden al poco tiempo dentro de la nueva agrupación

política.

 

Hacemos un llamamiento a los ciudadanos costarricenses, que

honestamente ven en los partidos emergentes una solución.

Investiguen los antecedentes de sus dirigentes antes de darles

su voto, no vaya a ser que al final, estén votando por los

mismos, nada más que bajo ropajes diferentes.