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DON LUIS ALBERTO MONGE Y LA CONTRA NICARAGÜENSE

 

El Diario La Nación del 2 de junio de 2.001, publica un artículo bajo el siguiente título “ Sospechan de montaje en el incidente de Crucitas”. Por su importancia, transcribimos a continuación, los aspectos trascendentes de esta noticia.

 

Nueve de los 22 guardas civiles que hace 16 años sobrevivieron a un ataque en las Crucitas de San Carlos regresaron ayer a este sitio, pero no solo para asistir a una misa en memoria de sus compañeros asesinados, José Ángel Campos y Jorge Méndez.

 

Por primera vez varios de ellos denunciaron haber sido víctimas de un supuesto montaje, que tenía como objetivo “ agravar” las tirantes relaciones entre el entonces gobierno de Luis Alberto Monge y el regimen sandinista de Daniel Ortega.

 

Dicen los guardas civiles:

“ Nos mandaron como carnada, pues nuestro superior inmediato (un teniente de quien se desconoce el paradero) no nos informó  a los rasos el punto exacto hacia donde nos dirigíamos, ni a qué íbamos.

Núñez (uno de los guardas) aseguró que varios de sus ex compañeros están interesados en que la Fiscalía emprenda otra investigación sobre el caso.

“ Tenemos muchas cosas que decir y sería importante que la justicia las investigue, pues en su momento a nosotros, los humildes guarditas, NO SE NOS PERMITIÓ CONTAR TODA LA VERDAD, señaló Núñez, despedido de la Fuerza Pública un año después de los hechos.

 

Debemos recordar que el incidente de Las Crucitas no fue un hecho aislado. Durante esos años, también se presentó el atentado de La Penca, en el cual, un grupo de periodistas nacionales y extranjeros, fueron llevados a una trampa mortal en territorio nicaragüense, con el resultado de varios muertos y heridos graves.

 

También durante ese tiempo, norteamericanos y otros extranjeros de dudosa reputación, se hicieron dueños de nuestra frontera norte, e hicieron allí lo que mejor les pareció. Las minas impersonales, que todavía están sembradas en la zona y han matado y mutilado a nuestros campesinos, así lo atestiguan.

 

Debemos recordar que durante esta época el gobierno de Ronald Reagan, había lanzado su lucha contra el gobierno de Nicaragua, por medio de la contra, a la que llamaba “ los luchadores de la libertad”. En esta guerra no declarada, el gobierno de los Estados Unidos usó procedimientos típicos de la guerra sucia, además de armas y dinero de procedencia oscura.

 

El caso denunciado por los guardas civiles es sumamente grave. Los corruptos políticos costarricenses, durante los últimos años, no han tenido escrúpulos para saquear y dilapidar fondos públicos destinados a emergencias naturales, lucha contra la pobreza y programas de vivienda para personas de escasos recursos. Pero, por lo menos habían sido respetuosos de la vida humana. Si se llegara a comprobar la veracidad de esta denuncia, estaríamos en el primer caso en que a cambio de las treinta monedas de Judas, miembros del gobierno de Luis Alberto Monge, enviaron a un grupo de guardias civiles a una muerte cierta.

 

Además, las declaraciones de los guardas dejan una serie de interrogantes:

 

1-    ¿Hasta que nivel de funcionarios de gobierno llegó el presunto complot entre los jefes de los guardas y los militares contras?

2-    ¿Quiénes impidieron, en ese momento a los “humildes guarditas” decir toda la verdad?

3-    ¿Dónde se encuentra el famoso teniente desaparecido?

4-    ¿Por qué Núñez fue despedido un año después de los hechos?

5-    ¿Por qué la investigación de los sucesos no ha arrojado resultados positivos después de tanto tiempo?

 

La figura política de don Luis Alberto Monge, ha tomado de nuevo relevancia a raíz de la candidatura presidencial de su sobrino Rolando Araya Monge. Por tanto, consideramos que así como don Luis Alberto, solicita los votos para su sobrino, los costarricenses tenemos derecho a exigirle una explicación sobre la participación de funcionarios de su gobierno en los hechos denunciados.

 

Don Luis Alberto debe dar esa explicación, por el bien de la poca credibilidad que aún tienen nuestras instituciones democráticas y porque la sangre de los dos humildes guarditas asesinados, clama venganza al cielo.