El Diario La República del 18 de febrero de 2002 publica un interesante comentario del licenciado Juan Diego Castro Fernández, polémico ex ministro de Seguridad Pública y de Justicia de la Administración Figueres Olsen. Transcribimos a continuación los aspectos más interesantes de dicho artículo. El domingo siete será ejemplarizante para la politiquería criolla. El mal circo politiquero ha llevado a la sociedad costarricense, en todos sus estratos al hartazgo. La falta de seriedad de los partidos, las broncas internas propias de la adolescencia política, la ausencia de propuestas racionales para la solución de los graves problemas del país, el despilfarro multimillonario en propaganda insulsa y el desfile fachoso de líderes güeros que son capaces de recurrir a concursos de belleza y a secuestros para inflar sus imágenes. Al final pareciera que el único consuelo que existe para los electores es creer que se vota por el menos malo... por el que esconde a un hermano que será poderosísimo en su gobierno o por el que ha montado una alharaca para lograr la apariencia de que no se deja mangonear. Por esto el fantasma del abstencionismo recorre Costa Rica. El abstencionismo es ahora la segunda fuerza política del país, anónima, sin cara y solo con la voz de su indolencia electoral. Su blanquecina sombra se pasea desafiante por las calles y por las casas, por Cuesta de Moras y por Zapote y hasta por la incómoda oficina del CICAD que la familia Fishman alquila en muchos miles de dólares al actual gobierno. Su grisácea figura se derrite por las gavetas de los escritorios de las ex policías ahora jefas de campaña, provocando el horror de los politiqueros, a quienes ya no les tranquiliza ni el yoga en Miami, ni la meditación trascendental ni unos tragotes de etiqueta negra. Un día de estos escuchamos a un dirigente rojiazul chillar con gorjeos mariantonietescos- contra los malagradecidos abstencionistas. Si los politiqueros creyeran verdaderamente en la democracia, reformarían de inmediato la ley electoral, para que los abstencionistas puedan ejercer el derecho a votar por NINGUNO, haciendo que la tercera casilla de la papeleta presidencial de la segunda ronda, propicie el sufragio libre y general, de modo que la escogencia de la tercera opción fantasmagórica para algunos- sea franca, clara y contundente. De no ser así, simplemente preparémonos para un domingo siete y punto. Consideramos muy interesante y democrática la propuesta de don Juan Diego Castro, pero, lamentablemente la casilla de NINGUNO no aparecerá en la papeleta. Algunos nos critican por tomar la decisión de anular el voto, ya que consideran que estamos desvirtuando el proceso electoral costarricense. Respetamos esa manera de pensar pero no la compartimos. Quienes la están desvirtuando son los dos saltimbanquis que se disputarán la Presidencia en esta segunda ronda. Son tan poco serios y consideran que los costarricenses somos tan imbéciles, como para que creamos los culebrones que han montado, simulando el alejamiento de Luis Fishman y Johnny Araya de ambos partidos mayoritarios. Esperamos que don Luis Fishman deje de llorar cada vez que recibe los miles de dólares que le paga CICAD por el alquiler del edificio tuguresco situado en Sabana Oeste. Sobre esto, a don Juan Diego le faltó un dato que queremos aportarle. Quien le hizo este generoso obsequio a don Luis fue el esposo de una de las flamantes ex policías convertidas en jefas de campaña. Volviendo al tema central de este comentario, ya que la papeleta no cuenta con la casilla NINGUNO, nosotros podemos crearla. O bien, cuando nos encontremos en el recinto electoral, armados de un lapicero, podemos dar rienda suelta a toda la ira, vergüenza y frustración acumulada durante cuatro años y dejarles los mensajes que nos parezcan más apropiados a este par de bufones que aspiran a la Presidencia de la República.
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