Cuenta una fábula, que una vez un águila quiso subir a una alta cima. Para eso, agitó sus alas y, después de gran esfuerzo, pudo ver alcanzada su meta. Al llegar a la cima, el águila se sorprendió al ver en la parte más alta a un gusano. Su orgullo se sintió herido y preguntó: ¿Gusano: Cómo llegaste hasta aquí?. El gusano respondió: arrastrándome, doña Águila, arrastrándome. La fábula nos demuestra que hay dos formas de alcanzar las metas. Una de ellas es usando los atributos de que el Creador nos dotó y la otra es en la forma del gusano. Esta fábula es aplicable al sector público. Hay funcionarios que buscan escalar posiciones en el sector público, preparándose teóricamente en forma concienzuda; asumiendo nuevas funciones y responsabilidades, aunque no se les paguen; actuando con transparencia y honradez ante sus compañeros; negándose a adular a los políticos de turno y no apoyando los actos de pillaje contra el erario público y los maltratos hacia los ciudadanos. Lamentablemente, hay otros que usan la filosofía del gusano. Obtienen maestrías y otros títulos rimbombantes, en universidades que sólo existen por obra y gracia de la irresponsabilidad del CONESUP y no dudan en poner sus ridículos títulos en cuantos documentos firman. Rehuyen a las nuevas responsabilidades, alegando que eso no les corresponde. Apuñalan a sus compañeros a sus espaldas con su lengua viperina. Se arrastran impúdicamente ante los políticos de turno y no dudan en callar e incluso en colaborar en los actos indecentes que éstos realizan. Hacemos este comentario, porque acabamos de conocer un caso, en el que triunfó el gusano sobre el águila. El águila tenía todos los conocimientos, había desempeñado un puesto de mayor complejidad sin que se lo pagaran y se distinguía por su honorabilidad y dedicación. El gusano no conocía absolutamente nada sobre el nuevo puesto. Pero, además de su servilismo intrínseco, se había distinguido por sus labores de espionaje para el político de turno y conocía de sus actuaciones corruptas. Estas armas innobles le dieron el triunfo al gusano. Lamentablemente, este no fue un triunfo aislado del gusano. Las victorias de estos especimenes despreciables, se repiten una y otra vez. Existe una política no escrita de desplazar de los puestos públicos a los funcionarios capaces y honestos, para favorecer a los serviles y corruptos. Se ha elevado a dogma de fe la norma del ascender a los más adeptos, aunque sean los más ineptos. Por eso, el sector público costarricense, se ha convertido poco a poco, en un albañal de ineptitud, servilismo y corrupción.
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