En días pasados, los diarios nacionales dieron la noticia de dos fenomenales estafas que se habían fraguado en nuestro país, en contra de ciudadanos norteamericanos. La primera se relacionaba con los hermanos Osvaldo y Luis Enrique Villalobos, quienes habían captado en forma clandestina una suma superior a los seiscientos millones de dólares, La otra se relaciona con el cubano americano LUIS MILANES TAMAYO COTO , quien desde su oficina en el Centro Colón, captó más de doscientos millones de dólares, a nombre de la empresa panameña, COSTA RICA SAVINGS UNILMITED. Supuestamente este dinero se invirtió en casinos y máquinas tragamonedas, aunque a la fecha dichas inversiones se han esfumado. No vamos a entrar a analizar la actitud de los norteamericanos que fueron víctimas de este tipo de estafa, porque ya es un tema tratado por varios medios. Lo que vamos a comentar, porque nos llama la atención es la absoluta impunidad con la que estas dos bandas actuaron por varios años en nuestro país. Para comenzar, vamos a hacer una breve semblanza de los protagonistas de las dos estafas más grandes de la historia financiera costarricense. Luis Villalobos Camacho: Esta figura de la iglesia evangélica costarricense,tuvo inscrita en nuestro país, en la década de los ochenta la Financiera Beniorvi. Posteriormente, se retiró de este negocio, para dedicarse según lo dijo él públicamente en su oportunidad, a administrar el dinero de los inversionistas gringos. Según se dice, fue el banquero del servicio secreto de los Estados Unidos ( CIA). Por su medio, se canalizó dinero sucio, para financiar a la contra nicaragüense. Posteriormente inscribió la Casa de Cambio HERMANOS VILLALOBOS, la cual le sirvió de mampara para sus actividades ilegales de captación de dinero. Operó impunemente, a la vista y paciencia de nuestras autoridades, durante diez años, a pesar de contar entre sus clientes con varios prófugos de la justicia norteamericana. Luis Milanés: Cubano que adoptó la ciudadanía norteamericana. Aparentemente ligado a la mafia cubana de la Florida, llegó a nuestro país en 1996, huyendo de una acusación por estafa en los Estados Unidos. Durante los primeros años pasó desapercibido. A partir de 1999, su presencia se hace notoria, por estar ligado a cadenas de hoteles, clubes nocturnos y casinos. Se distinguía por andar rodeado de guardaespaldas quienes generalmente portaban armas prohibidas en sitios públicos. Milanés operó impunemente durante casi seis años. Villalobos, Milanés y los políticos: Estamos enterados de que ambos grupos hicieron generosas ofrendas a los santos patronos de los corruptos en nuestro país, los políticos. Se rumora que Villalobos estuvo ligado a un partido minoritario y que Milanés se encargó de financiar a los dos partidos mayoritarios. Si esto es cierto, nunca se podrá saber, ya que dichos fondos deben haber sido canalizados por la cuentas corrientes clandestinos que sirvieron de alcantarilla a los dineros sucios que ingresaron a la última campaña presidencial. Pero Milanés llegó más lejos. Contrató como su asesor financiero a Carlos Palma, antiguo Secretario General del Partido Unidad Social Cristiana. Suponemos que los honorarios deben haber sido muy atractivos, por lo que el señor Palma nunca tuvo la curiosidad de investigar de dónde provenían los fondos de su patrono cubano, ni los antecedentes penales de éste. La impunidad de Villalobos y Milanés: Cuando se destapó este nuevo escándalo financiero, escuchamos a un diputado del Partido Liberación Nacional decir que debía reformarse la ley del Banco Central, para que este tipo de actividades no volviera a repetirse. Eso mismo lo escuchamos en 1988, cuando el político Orlando Sotela, quien perteneció a los dos partidos mayoritarios, estafó a ingenuos costarricenses en mas de ochocientos millones de colones. Posterior a esta estafa, la Ley Orgánica del Banco Central de Costa Rica, fue reformada catalogando la intermediación financiera como un delito. Por tanto, no fue por falta de ley que no se detuvo a tiempo esta estafa millonaria. La triste participación de SUGEF: Antes de entrar a analizar la participación de este organismo de supervisión, vamos a hacer un poco de historia sobre esta entidad de fiscalización. En el gobierno Rodríguez Echeverría, fue nombrado al frente de la Superintendencia el ingeniero Bernardo Alfaro, ahijado político de Andrés Rodríguez, el eterno Rasputín de la Casa Presidencial. Recién llegado don Bernardo, contrató una firma asesora gringa, para que hiciera un estudio supuestamente para aumentar la eficiencia de la Superintendencia y bajar los costos. El resultado fue que muchos empleados de dicho organismo fueron despedidos, con el fin de sustituirlos con funcionarios que aceptaran salarios más bajos. De esta forma se alcanzó el objetivo de bajar los costos, pero no de aumentar la eficiencia, como vamos a verlo posteriormente. Afirma don Bernardo que él tuvo conocimiento de las transacciones de los Villalobos, que de acuerdo con su investigación se determinó que captaban dinero, pero nunca qué hicieron con el mismo. Indica también el hijo adoptivo de don Andrés, que para hacerlo hubiera necesitado de una orden judicial. Estas explicaciones del máximo jerarca de la Superintendencia causan hilaridad. En primer lugar cómo es posible que no supiera don Bernardo que se hacían los fondos. Será que en nuestro sistema financiero existe un Triángulo de las Bermudas y no nos hemos dado cuenta? Con respecto a la orden de un juez. Si era tan necesaria. Por qué no la pidió? No hay duda de que, una vez más, la participación de la Superintendencia no fue solo extemporánea, sino también totalmente mediocre. CONCLUSIÓN: No estamos defendiendo los ahorros de los norteamericanos, ya que recibieron el justo pago a su ambición e imbecilidad. Consideramos que las autoridades del Banco Central deben de explicar el por qué un ex agente de la CIA y un mafioso cubano, pudieron hacer desaparecer como por arte de magia, sumas exhorbitantes, a la vista y paciencia de nuestras autoridades supervisoras. Con respecto a las contribuciones subterráneas a la última campaña política, esto no debe quedar impune, los costarricenses honestos debemos exigir que se aclare si Luis Enrique Villalobos y Luis Milanés compraron su impunidad con contribuciones a los partidos políticos que nos gobiernan.
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